Espiritualidad


 

2017,
400 AÑOS DE CARISMA VICENCIANO

EL CARISMA VICENCIANO EN LA REGLA DE LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL

Padre Santiago Azcarate C.M.
Asesor Religioso Nacional
 
Estando tan ligadas desde el comienzo las Conferencias al carisma vicenciano, no es de extrañar que la Regla de la Sociedad rezume el espíritu de San Vicente de Paúl en todos sus números, especialmente en aquellos que tratan de la vocación, el servicio a los pobres, la espiritualidad y las virtudes del vicentino.

Es significativa, en este sentido, la descripción que se hace de la vocación vicentina en el número 1.2 de la Regla: “seguir a Cristo, a través del servicio a los que lo necesitan, y de esta forma ser testigos de Su amor compasivo y liberador”. El seguimiento de Cristo es ciertamente condición esencial de todo cristiano; pero el hacerlo por medio de la entrega a los pobres, destacando el amor como distintivo, es propio del carisma vicenciano. De hecho, en el breve enunciado de este número se subrayan las expresiones que en toda institución vicenciana son características: Cristo, servicio, necesitados y caridad. Y aun la misma pretensión que refleja la Regla de ser “testigos” del amor de Cristo evidencia el carácter evangelizador del servicio que se realiza, lo cual refuerza otro de los ejes esenciales de nuestro carisma.

La Regla resalta, además, que la espiritualidad de los vicentinos es eminentemente cristocéntrica. Se les llama a “la unión con Cristo en amor, lo que representa la esencia de su vocación y la fuente de su inspiración” (2.2)… “Esperan que algún día no sean ellos los que amen, sino que el mismo Cristo ame a través de ellos” (2.1)… Y desean “compartir el amor compasivo y liberador de Cristo, el Evangelizador y Servidor de los pobres” (2.5) Centrarse en Jesucristo, y concretamente en este Jesucristo Evangelizador y Servidor, es el fundamento central de la espiritualidad vicenciana, como se puede apreciar en cuantas ramas han brotado de la inspiración de San Vicente.

Propio igualmente del carisma vicenciano es la visión de Cristo en el pobre, como se señala en la Regla al afirmar como rasgo espiritual, siguiendo a San Vicente, “ver a Cristo en el pobre y al pobre en Cristo” (2.5) Desde esta perspectiva es desde donde cobra sentido el servirles en esperanza, el estar disponibles para toda clase de pobres y de pobrezas, el trabajar por su dignidad, el comprometerse con la justicia, el acercarse a ellos con alegría, el tratarlos con amor y tantos otros compromisos que se recogen a lo largo de toda la Regla. Si Cristo es uno de los polos del eje del carisma vicenciano, los pobres constituyen el otro polo.

El vicentino ha de vivir la misión y la caridad en medio del mundo. Es con los pobres y entre los pobres donde ha de dar testimonio de la ternura de Dios y la caridad de Jesucristo. Por eso, es la secularidad otra de nuestras características carismáticas. En la Regla se reconoce ese rasgo al definirse la Sociedad como “una organización internacional católica de laicos voluntarios, hombres y mujeres” (1.1) Y del propio Federico Ozanam se señala que “logró la santidad como laico viviendo el Evangelio plenamente en todas las facetas de su vida” (2.4) Ahí tienen todos los miembros de la Sociedad un ejemplo y un estímulo para vivir su vocación y misión: ser laicos conscientes y convencidos de su lugar en la Iglesia, que viven todas las dimensiones de la vida desde el Evangelio y participan de la misión de Cristo en el mundo por medio de su servicio de caridad a los pobres.

La secularidad de las Conferencias no merma la viva conciencia de sus miembros de pertenecer a la Iglesia, sino que le da su tono adecuado. Ya en el primer número de las Reglas se reconoce la Sociedad como una institución “católica desde sus orígenes” (1.1) Se reafirma más adelante que “la Sociedad y cada vicentino mantiene una estrecha relación con la Jerarquía de la Iglesia Católica” (5.1) Y, siendo jurídicamente autónoma, “la Sociedad reconoce el derecho y el deber del Obispo católico, en su Diócesis, a confirmar que ninguna de sus actividades es contraria a la fe y a la moral” (5.3)

Si en algún punto queda claro el carisma vicentino de las Conferencias es precisamente en el enunciado de las cinco virtudes esenciales de sus miembros. Se empieza por señalar que “los vicentinos buscan imitar a San Vicente en las cinco virtudes que fomentan el amor y el respeto por los pobres”. Y se proponen después esas virtudes junto con una pequeña explicación de su significado: “sencillez, humildad, afabilidad, sacrificio y celo” (2.5.1) Naturalmente que estamos ante virtudes propias del universo cristiano, pero su selección responde a una clara predilección de san Vicente. Todas las instituciones que él fundó contienen esas virtudes como propias de sus discípulos: las Cofradías de la Caridad, la Congregación de la Misión y la Compañía de las Hijas de la Caridad. Pero es que son las virtudes necesarias para llevar adelante la caridad y la misión. Se precisa humildad para ponerse al servicio de los pobres. Desde la sencillez se logra la cercanía y la comunicación. La afabilidad o la mansedumbre favorece la mutua aceptación y comprensión. El espíritu de sacrificio es lo que capacita para la disponibilidad total. Y el celo supone pasión por Cristo y por los pobres y entrega por entero a la misión de evangelizar por medio de la caridad.

El carisma vicenciano  implica finalmente la referencia a un grupo o una comunidad como sujeto de la misión. Así como no se puede ser cristiano sin pertenencia a la Iglesia o comunidad de fe, tampoco se puede ser vicentino sin la pertenencia a un grupo inspirado por este espíritu propio. La Regla de las Conferencias tiene muy presente este principio cuando afirma con precisión que “los vicentinos se
reúnen como hermanos y hermanas en presencia de Cristo, en Conferencias que son comunidades reales de fe y amor, de oración y acción
” (3.3) La Conferencia, por tanto, no es sin más un grupo de buenas personas que se juntan para hacer caridad. No es tampoco una organización filantrópica preocupada por el bienestar de los pobres. Cada Conferencia es una comunidad de fe y de amor; y esto implica una notable exigencia para sus miembros. Como comunidad de fe han de procurarse una seria formación cristiana y han de cultivar una viva espiritualidad, lo cual compromete a sus miembros a la participación en los sacramentos de la Iglesia, a la práctica de la oración, a la meditación de la Palabra, al cultivo de la vida interior. Y como comunidad de amor han de favorecer la comunión y el entendimiento entre sus miembros, el trabajo en equipo, la propuesta de proyectos, la disposición de todas sus fuerzas al servicio de los pobres. De ahí que la Regla subraye la necesidad de un vínculo espiritual y de amistad entre los consocios, así como el compromiso con una misión común de servicio evangelizador a los necesitados.

Todo este carácter vicenciano de la Sociedad expresado en su Regla desemboca necesariamente en una relación estrecha con las otras ramas de la Familia Vicenciana y en una seria implicación de todos en proyectos comunes (4.3) Fortalecidos en este año por la celebración del 400 aniversario del carisma, estamos llamados todos los vicencianos a ilusionarnos con el vigor de un carisma tan vivo y a comprometernos en la misión evangelizadora de la Iglesia desde el servicio de la caridad.






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