Lo que Moisés pronunció al pueblo de Israel, “El Señor Dios hará surgir en medio de ustedes, entre sus hermanos, un profeta como yo. A Él lo escucharán …” Es decir, les daré un profeta y pondré mis palabras en su boca, se proyecta, muy acertadamente, a la escena que nos relata San Marcos en el Evangelio de este domingo: “Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”
Las personas que escuchaban a Jesús, les llamaba mucho la atención, el hecho de la autoridad de sus palabras; puesto que Él no hablaba, ni discurría como los Escribas y los fariseos, con tanta palabrería, por lo que eran famosos.
La autoridad de las Palabras de Jesús, estriba en que son las mismas que el Padre pone en sus labios. Por eso mismo es que decimos que Jesús es la Palabra Encarnada, que vino a establecer su morada entre nosotros. Jesús es el Verbo, es decir la Palabra de Dios, por excelencia. Acaso hemos olvidado las palabras del Padre en el Bautismo de Jesús: “Éste es mi Hijo amado, en quien tengo mis complacencias, escuchadlo”.
Cristo, tiene autoridad en sus palabras, porque es honesto, coherente, transparente en su manera de vivir y de actuar. No tiene nada qué esconder, es diáfano. Cristo tiene autoridad porque es la Verdad misma, encarnada.
Precisamente por la falta de honestidad, de coherencia evangélica, es que nosotros no tenemos autoridad en lo que hablamos y proclamamos, es la causa por la que no podemos expulsar muchos demonios que habitan en nuestro interior, por eso mismo, no podemos hacer brillar la verdad en medio de la mentira o de la corrupción, imperante en nuestras sociedades.
El Reino de Dios, sólo puede identificarse con la coherencia y la transparencia de vida, en el hombre que quiere vivir cristianamente, conforme al mandato evangélico, apegado siempre a los mandatos y voluntad de Dios Padre.
Cuando no haya nada qué esconder, que todo sea diáfano en nuestra existencia, sólo entonces, podremos decir que vivimos a plenitud el Reino de Dios en nuestras vidas.
Si bien es cierto, en nuestras sociedades existen muchas cosas qué ocultar, tengamos presente que la verdad siempre se verá amenazada, pero sólo ella podrá hablar con autoridad.
¿De qué lado estamos en la sociedad en que vivimos? Del lado de quienes esconden la verdad, para beneficio propio. O, bien, del lado de quienes, no importando las consecuencias, se lanzan a la aventura de defender la Verdad, la Justicia y la Paz. Ya en nuestra Regla se nos invita a ser “Voz de los sin voz”; que felices somos de ser exigidos en nuestros principios para ser mensajeros de la verdad, la justicia y la paz.
"Recuerde, Padre, y créalo firmemente, que, aunque venga sobre usted lo peor, nunca será tentado por encima de sus fuerzas, y que Dios mismo será su apoyo y su virtud, tanto más perfectamente cuanto menos confíe y se refugie en nadie que no sea Él.”
San Vicente de Paúl

29 de Enero
IV Domingo Ordinario
Deuteronomio 18,15-20; 1ra. a Corintios 7,32-35; Marcos, 1,21-28
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“No creemos a un hombre porque sea sabio, sino porque lo juzgamos bueno y lo apreciamos"
San Vicente de Paúl